piscina de olas

piscina de olas

 

 SURFING OLÍMPICO: ¿DEPORTE O “COSA” COMERCIAL?

 

El surfing posmoderno se enfrenta a grandes desafíos y para entenderlos debemos aclarar primero algunos parámetros históricos.  Propongo un abordaje tripartito: económico, ontológico y olímpico.

 

Económico.

El modelo capitalista ha impuesto paradigmas que afectan todas las dinámicas sociales, entre ellas el deporte.  El juego como tropismo vital del hombre, ha sufrido cambios sustanciales.  De agente educativo por excelencia ha pasado a ser, junto a la Educación, la Educación Física, la Recreación y los Deportes, – ante la omisión, indiferencia y permisividad de los Estados – un objeto más de la cadena de producción y consumo. La privatización de este derecho inalienable del humano, le marca un contexto netamente materialista de rentabilidad financiera, no de desarrollo humanista.  El deporte profesional está en manos de corporaciones y sus empresarios siguen las reglas de cualquier proyecto económico: inversión y máxima rentabilidad.

El surfing competitivo no es la excepción.  La industria surfera patrocina medios, instituciones, dirigentes y surfistas creando los arquetipos a seguir a través de líderes de opinión. Las estrategias de merchandising varían pero la consigna corporativa permanece intacta: vender y ganar.

En este proceso, aclaran los sociólogos franceses Foucault y Bourdieu, las expresiones más genuinas del humano (el arte, la música, las letras, el juego, etc.) llegan a “cosificarse”, es decir, “normatizarse”, luego a “legitimizarse” y a “reproducirse” hasta ser aceptados inconscientemente por la sociedad, como “cosas” pertenecientes a la rueda del mercado, para ser usadas como piezas de consumo, considerando esto, “natural”. Estas expresiones culturales son así concebidas y vaciadas de sus genuinos contenidos éticos, morales y estéticos hasta llegar a ser meramente  “objetos” con fines lucrativos.  Todos los deportes globales han recorrido idénticos procesos, signados por el elitismo, exitismo, precocidad, mercantilismo y especulación financiera.

Nuestro querido he’e nalu, es un fiel ejemplo: desde la colonización anglo-sajona que casi lo extingue, pasando por la “americanización” de la posguerra, hasta la corporización actual.

La ISA, como otras asociaciones deportivas, no escapa a esta presión y dinámica de mercado.  Las corporaciones surferas dictan los estándares del mercado financiero, y condicionan las políticas y técnicas deportivas.  Claros ejemplos han sido la fibra de vidrio, el poliuretano, el leash, la indumentaria, la propuesta “olímpica” y el “boom” SUP, entre otros.

El Circuito ISA está sólido y creciendo, fruto de la gran gestión del Pte. Aguerre y su óptima relación con las corporaciones patrocinantes.

La idea del COI de “urbanizar” las olas encaja perfectamente en el paradigma descrito por Foucault y Bourdieu: la civilidad posmoderna poco tolera deportes “libres”, deportistas que muestren su atletismo en el desafío cautivante del mar y más que nada, lejos, demasiado lejos de un estadio sin propaganda estática y derechos de admisión. Estandarizar las olas, “normatizarlas” en una batea, abre la oportunidad de control, cobrar por ellas, tanto patrocinadores y federaciones como público.

En Beijing 2008,  ya se encerró el torrente pero el caso del surfing “olímpico” sería emblemático en la historia del deporte competitivo mundial: encerrar el mar y cobrar por ello.  Si tomamos los parques acuáticos y el “Surfing Olímpico” como proyecto financiero privado y por todas las razones antes vistas, sería un negocio altamente redituable.

Quedan interrogantes: históricamente cada geografía generó juegos para sus habitantes, la montaña, la tierra, el río, el mar.  ¿Qué costo tendría llevar nieve “olímpica” a Uruguay, Paraguay, la Polinesia, Jamaica?  ¿Justificaría la construcción de un Domo polar?  ¿Los referidos parques acuáticos serían servicios gratuitos o tercerizados?  Todas las páginas de olas artificiales comparten el mismo patrón: preocupación energética, tamaño máximo de 2 metros, período, cantidad de usuarios por hora, rentabilidad, huella de carbono, consumo hídrico, nivel socio-económico de la zona, distancia de acceso.  Todo apunta, no a la “democratización”, inclusión o gratuidad declarada por la ISA, sino todo lo contrario: servicio exclusivo para franjas pudientes, vialmente accesibles y máxima rentabilidad para los inversores.

Detrás del surfing “olímpico” existen colosales intereses financieros.

 

Ontológico.

El deslizar olas es un tropismo ludo-genético de animales y humanos. Existen vestigios en muchas culturas pero se desarrolló mayormente en talasocracias, donde el agua era parte vital de la cosmovisión primitiva.  La Austronesia fue su exponente más alto, también en la costa del Pacífico sudamericano.

Su práctica nace vinculada a otras expresiones culturales como la pesca, el juego, el deporte, las clases sociales y la religión.

Comparte con otras manifestaciones lúdicas lo voluntario, lo incondicional, lo improductivo y lo autotélico.  De allí que resulte autogratificante, autofelicitante.

Su práctica en entornos naturales ofrece al humano la oportunidad de comunión con el Cosmos y el vínculo con una de sus más bellas manifestaciones, el océano y su entorno.  Pocos deportes competitivos ofrecen tal contacto e integración del humano con su verdadera esencia.  Así concebían el he’e nalu los polinesios. La Ohana aina, Ohana kai.

Las culturas eurocéntricas, a partir de las dinastías monárquicas, los burgos y la Revolución Industrial, fuerzan a las colonias a borrar sus cosmovisiones y a adoptar las propias materialistas.  El genocidio hawaiano es claro recordatorio.

Los paradigmas occidentales  imponen sus modelos socio-políticos y el deporte moderno copia estas estructuras “normatizantes”, “civilizatorias”, “democráticas”.

Es así que el he’e nalu, en la década de los 60s. comienza a perder la autenticidad, su originalidad y es reemplazado por el “surfing” urbano, mezcla de inconformidad y moda.  La urbanidad somete e impone sus dogmas, sus costumbres, su cosmovisión, no solo al he’e nalu sino a todos los deportes de aventura.

Ha sido una actitud recurrente en la Historia, que el humano intente controlar, domar o domesticar las fuerzas naturales, como si de él dependiera el Universo y no a la inversa.  Llevar el torrente y las olas, las fuerzas eternas de las aguas, a bateas estancas y tratar de remedar lo que ofrece libremente la Tierra, es un claro ejemplo de esta posición de supremacía.

El alejamiento del humano de sus orígenes naturales es una de las incuestionables causas de la miseria, mortalidad y patologías sico-somáticas del ser posmoderno.  La gregariedad urbana confirma cada día más su insalubridad, parasitarismo e ineficacia social.

El surfing puede abrir la puerta hacia esa visión cósmica del Ohana, al reencuentro con los valores permanentes de la Naturaleza que tuvo el he’e nalu hawaiano original y que la familia posmoderna tanto busca y necesita.

La arquitectura de piscinas con olas “urbanizaría”,“cosificaría” aun más al surfing que ya tanto ha perdido de su verdadera dimensión humanizadora.  El surfing “olímpico” no solo coartaría aun más el acercamiento del humano a la Naturaleza sino que le presentaría una caricatura de ella.

La Humanidad no necesita contaminar aun más al océano con la realidad urbana sino acercar los valores del océano a los habitantes urbanos.

 

Olímpico.

Ya hace 20 años que la ISA pretende la inclusión olímpica.  El COI fue tajante: sin olas uniformes no hay inclusión.  Creemos que la respuesta técnica de la ISA fue pobre y muy limitada debido al desconocimiento de las naturalezas atléticas formales  y su propia estructura competitiva abierta y flexible.

El surfing es un deporte abierto, individual y de no contacto.  Abierto, pues su expresión tiene un alto grado de subjetividad, de contenido estético y artístico realizado sobre superficies variables.  No existen líneas, aros, redes, rutinas, pisos ni útiles estándar.  Su criterio de evaluación es opinable, personal y promedial.  Tanto el surfing competitivo ISF como ISA eligió evaluar solamente los elementos subjetivos de performance atlética, no los objetivos.

Todo deporte contiene un elemento axial o propósito central: pasar la pelota por el aro, arco o meta, saltar sobre obstáculos, llegar rápido a la meta, surfar una ola.  Para ello se desarrollan técnicas o fundamentos complementarios, pase, recepción, lanzamiento, salto, desmarque, freno, carrera, remo, etc. que requieren altos niveles de acondicionamiento sico-físico.  Los fundamentos complementarios son los más entrenados pues exigen altos niveles de velocidad, resistencias, flexibilidad y coordinación.  De su eficiencia depende el éxito.  Todos los deportes premian la aptitud en estas condicionantes cinético-fisiológicas: no existiría fútbol, básquetbol, voleibol, atletismo, natación, esquí, canotaje, lucha, etc. sin estas capacidades.

El surfing competitivo es el único deporte que no evalúa las capacidades complementarias, resistencias: remada de retorno y traslado en line up (velocidad, resistencias), apneas en pasaje de espumas, velocidad: cantidad de olas corridas.  Como si el verdadero he’e nalu, el surfing pudiera existir sin ellas! Tanto hawaianos como los primeros waterman eran fuertes remeros y nadadores, de eso trataba el he’e nalu, el padre de nuestro surfing moderno.

La ISA no supo transmitir estos valores atléticos al COI, la presentación fue solamente la subjetividad del deslizamiento de olas oceánicas de allí la imposición del órgano internacional, de estandarizar olas en una piscina.

Afortunadamente para la ISA, en la última década vino a su rescate el SUP y el Paddleboard, ambas disciplinas con recorridos y performances de alto valor atlético y medible objetividad.  Pero el surfing aun permanece aislado y despojado de sus valores atléticos complementarios.

Pero creemos que la mayor discrepancia sucede, cuando la ISA dice aspirar a ser deporte olímpico  pero reduce sus valores atléticos en olas artificiales para lograrlo. Desde el Peloponeso helénico, el olimpismo busca la exaltación humana representada en su logo: Citius, Altius, Fortius.  Más alto, Más rápido, Más fuerte.  Para una comparación entendible: rendir en  Jaws, Teahuppo, Pipeline, Sunset, Puerto Escondido, Indo, Bells, Hossegor, Cloudbreak…

En las antípodas fisiológicas de la consigna olímpica, está la piscina “olímpica”.  Sería reducir a Messi al fulbito, a Bolt correr los 50  llanos, a Lebron James tirar libres,   Michael Phelps nadar 25 mts., a Rafa Nadal jugar tenis de mesa y al decatlonista hacer 5 pruebas en pista de niños.

No remada, no pasaje de espumas, tamaño medio, no selección de ola, no ubicación en el line-up, no riesgo de caída, no corrientes, no tubos críticos, no desafío.  En resumen: no surfing superior, no espíritu olímpico.

Nosotros no estamos contra la instalación de parques acuáticos, siempre que estén integrados a políticas ecológicas sustentables, socialmente solidarias y deportivamente democráticas.  La Recreación es un derecho para todos y el agua, presente desde nuestros orígenes, podría tener un poder sanador en las colectividades modernas, si los Estados legislaran políticas afines.

Otra cosa muy diferente, es convertirlas en arenas olímpicas.

Es imposible dejar de pensar en las tres áreas comentadas del sueño del surfing olímpico, sin que se imponga el componente de la presión corporativa y otro mega-negocio billonario para la industria surfera.

Oportunamente, y con más tiempo, tendríamos que discutir los presentes y futuros dilemas morales de nuestro surfing: el fair trade a los miles de  marginados que trabajan en la industria surfera, la huella de carbono del nomadismo, la polución ambiental de las resinas y espumas, la privatización de las playas, el localismo, la obsolencia de la parafernalia surfera y mucho más.

El he’e nalu ha recorrido un largo camino de degradación desde sus orígenes. Los valores originales de la cosmovisión hawaiana, emancipadores y sanadores del espíritu, han sido torcidos y manipulados por intereses completamente ajenos a su naturaleza lúdica.

No estamos en contra de los parques acuáticos, ni del surfing competitivo, ni de la industria surfera responsable.

Sí votamos, por las razones expuestas, en contra del simulacro del surfing olímpico en olas artificiales.

No creemos que cuando el Atleta Olímpico Duke Kahanamoku soñó con el surfing olímpico,  tuviera este simulacro en mente.

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Duke Kahanamoku c

Duke Kahanamoku

 

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